Gracias queridos imbéciles. Y aclaro: obtener un grado suficiente de imbecilidad es acercarse al corazón del teatro.
Porque el teatro no lo hacen las narizotas ni los disfraces.
Los más grandes payasos, por consiguiente, los más grandes cómicos, no se ponen narizotas: Carlo Colombaioni, Leo Bassi, Albert Boadella, los maestros.
Profundizad en la imbecilidad y profundizaréis en la comedia.
Un imbécil tiene algo de candoroso y de malévolo y es capaz de hacer cosquillas donde duele.
Tras estas profundas e imbéciles consideraciones quiero deciros, amigos de Taetro, que para mí colaborar con vosotros, sobre todo con algunos de vosotros, ha sido un orgullo y también una ocasión de berrinche. ¿Es posible hacer teatro sin berrinche? ¿A que no? El que la sabe la tañe.
Gracias de nuevo y mil besos.
Os pido disculpas por no asistir a este memorable acto pero el cuerpo humano es frágil y ando recuperándome de alguna pequeña pupa.
GUILLERMO ALONSO DEL REAL